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El café: nuestro eterno compañero

Los días de trabajo nos alejan de morfeo muy temprano, a veces más de lo que quisiéramos. Nos hacen abrir los ojos casi en sueños y querer volver a ellos en ese instante. Pero, sabemos que tenemos que levantarnos, pues hay correos que responder, machotes que leer, plazos que cumplir…

En el mundo editorial, un día perfecto solo puede comenzar con un as bajo la manga: una buena taza de café. Ese oscuro líquido elemento que despierta nuestros sentidos y nos quema los labios nos da el empuje inicial para iniciar el día.

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Los que amamos el café y trabajamos en el increíble y fascinante mundo de los libros sabemos que no hay nada comparable con el aroma de un café recién pasado. Ese inconfundible y subyugante aroma que invade el ambiente y dibuja una sonrisa en nuestro rostro. Ese olor que nos dice «Ahora sí, ya estamos listos». Y mejor aún si viene acompañado de un crujiente croissant calentito. ¡Qué mejor manera de empezar el día!

Los días pasan entre reuniones interminables acerca de todos los detalles relacionados con la publicación de un título: desde la redacción, la corrección de textos, pasando por la elección de ilustraciones hasta el diseño, la diagramación e impresión final, por mencionar algunos de los temas que tenemos que coordinar. Es así que el café se ha convertido en nuestro compañero infaltable en cada sesión.

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Y como no podía ser de otra manera, hay cafés para todos los gustos. Por ejemplo, a nuestro editor le fascina el expreso; a nuestro fotógrafo, el irlandés; a nuestra correctora, el capuchino; a nuestro diagramador, el latte y, así, el entorno laboral se llena de una mezcla de aromas cautivadores y sabores deliciosos que nos animan a arrancar.

Taza tras taza vamos avanzando: resolvemos dudas, mejoramos textos y ultimamos pormenores para lograr un producto final impecable. Y cuando el día está por acabarse y el sueño por vencernos, cuando los ojos se nos cierran, pero tenemos una impresión de prueba que leer… sabemos que es momento de otro café.

Y, nuevamente, al día siguiente, este interminable y enraizado ritual vuelve a empezar.

Escrito por Gloria Cabrejos, redactora de la Escuela de Edición de Lima

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