Quelloúno: El valle cusqueño renace con café maragogype

Los cafés cusqueños tienen ya un espacio ganado en la industria. Este año no solo han conseguido alzarse con la Taza de Excelencia, también fueron uno de los puntos de encuentro más concurridos de la reciente Expo Café Perú 2018 con el stand de la localidad de Quelloúno, en La Convención.

Y no podía ser de otra manera.

Sus tierras de selva baja tienen historia desbordante, tanto en el cultivo de café, cacao y frutales, como en los propios orígenes de su gente: la comunidad machiguenga fue la primera en habitar la zona. Siglos después fue desplazada parcialmente por la expansión incaica.

De hecho, para muchos exploradores —y también para algunos fanáticos de las leyendas— Quelloúno pudo ser el escenario del Gran Paititi o El Dorado. Los locales también comparten este mito.

Los cuatro valles son Yanatile, Chirumbia, Chapo chico y Lacco Yavero.

La roya amarilla: una sentencia a muerte

Pero apaguemos la máquina del tiempo por unos minutos y volvamos al 2013, el año negro para esta zona cafetalera y para los poco más de 15 mil habitantes de la zona y dependientes económicamente de las plantaciones.

La plaga de la roya amarilla acabó con más del 90% de la producción ese año. Arruinó los cultivos y mandó a la quiebra a unas 600 familias que se habían endeudado para su campaña cafetalera.

La reacción de las autoridades nacionales no fue oportuna y la enfermedad se mantuvo latente (todavía es en cierta medida un riesgo) por cuatro años más. “Los caficultores fuimos los más afectados, fue una sorpresa ver cómo morían tantas plantas”, cuenta Patricio Choqque, protagonista y sobreviviente de la plaga.

Otro de los afectados fue Roberto Achulli, hoy presidente de los productores del valle de Chapo. Su rostro todavía se desencaja cuando esos días le vuelven a la memoria. “Los jóvenes empezaron a irse del pueblo a la ciudad. No había trabajo ¡No había dinero!”.

“Si la roya no nos hubiera castigado, estaríamos produciendo como en los ochenta”, añade Achulli, recordando una “época dorada”, en la que según rápido cálculo producían hasta 600 quintales.

La remontada y las nuevas variedades

Aunque fue un golpe duro y casi de muerte, estos hombres de valle, herederos orgullosos de nativos y foráneos, habitantes de ese tránsito entre la amazonía y la sierra, están convencidos de que se viene una remontada.

Superada la enfermedad del café, las cuencas de Quelloúno quieren volver a los 600 quintales por campaña. Por ahora, podrían llegar en conjunto a los 400. Saben que su tierra es buena y de la mano de la municipalidad están consiguiendo mejorar sus técnicas de secado. El objetivo es apuntar a los specialties.

Para lograrlo, algunos caficultores han migrado de la variedad typica al bourbón, al caturra y al catimor. Saben que con esas semillas controlan mejor un posible contagio.

Solo en el Chapo, setiembre cierra con 200 quintales. El que mejor gestiona sus redes de negocios, puede colocarlos en el extranjero, donde la demanda de specialties es alta y el producto cusqueño tiene, ciertamente, un prestigio ganado.

Experimentando con maragogype. ¿Con quéee?

En esa búsqueda por hacer más fuertes sus cultivos, Patricio Choqque está probando con la variedad maragogype, impronunciable pero exquisito tipo de café, caracterizado por tener un tallo de mayor altura y un grano grande, muy cultivado en la zona oeste de Brasil, frontera con Perú.

También resiste mejor a la roya y es una variedad solo disponible en el puesto de los cusqueños que no pasó desapercibida. Por ahora la empacan sin mezclarla, pero está en los planes hacer blends con sus otras variedades.

En taza, desde luego, los cafés de Quellaúno han logrado indicadores altos, por encima de los 83 puntos. Evidencia de calidad, pero sobre todo de convicción y de empeño para una localidad golpeada, pero con historia suficiente como para no dejarse caer y levantarse con más y mejores fuerzas.

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