Café peruano: saber qué hay detrás de una taza para apreciar su valor

Desde que tengo uso de razón recuerdo a mi madre usar su cafetera tipo Napolitana de acero inoxidable. Claro, la usaba como ella creía, apretando el grano molido al límite de sus fuerzas y echando repetidos chorros de agua hirviendo que se demoraban una eternidad en pasar. Luego guardaba la esencia en una botella de vidrio oscura y la metía en el refrigerador. Aunque no era la mejor manera, era la manera en la que me acostumbré desde niña a tomar café. Ningún almuerzo en casa terminaba sin una buena taza, o dos. La costumbre se hizo tradición y de grandes cada hijo repitió la misma ceremonia con sus propias familias.

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Gracias al periodismo, mi relación con el café se consolidó. Mantenerme en pie durante las largas jornadas de reporteo requerían un buen combustible, pero no siempre había tiempo, o dinero, para prepararlo como ordenaba la norma, así que había que echar mano a lo más rápido y barato que se encontraba en el mercado: el café soluble.

Mi relación con el mal café se mantuvo por años. Y hasta muy oronda yo me jactaba de ser una gran amante de esta bebida. Me reía de mí misma diciendo que por mis venas ya no corría sangre sino café y que mi grupo sanguíneo había cambiado de RH positivo a RH capuccino. Y la verdad es que no tenía idea de nada. No estaba tomando una taza de buen café, no al menos, la taza que todos los peruanos nos merecemos al vivir en un país productor de buen café.

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No fue hasta que Norka Peralta, mi socia en La Tangente, empresa generadora de contenidos para todas las plataformas, llegó con la idea de hacer Cafelab como un ejemplo para nuestros clientes de lo que podíamos hacer que empecé a interesarme en el verdadero mundo del café. Ella se preparó y estudió un diplomado en barismo en Le Cordon Bleu. Yo solo era una entusiasta. Pero su preparación y mi entusiasmo, sumado a nuestra experiencia en periodismo, fueron suficientes para empezar a empujar el carro. Nos pusimos un reto: ayudar a crear una cultura cafetera y mejorar así el consumo interno de cafés peruanos especiales.

El camino no es fácil ¿cómo le dices a una persona acostumbrada a disolver un polvo marrón en agua caliente azucarada que hay algo muchísimo mejor, pero que toma un poco más de tiempo y cuesta un poco más de dinero? Pues dándole valor agregado al café. Contándole al consumidor que no solo se está tomando una taza de café, se está tomando una taza de la historia de un agricultor cafetalero, del tiempo, esfuerzo y capital que tuvo que invertir en su cosecha, de los cambios climáticos, pestes, y otras amenazas que tuvo que enfrentar, de todo el camino que tuvo que recorrer para que su producto fuese adecuadamente escogido, tostado, molido y extraído para finalmente convertirse en la esencia vital que sostendrá a toda su familia. Creo que si el consumidor supiera todo lo que involucra esa sencilla taza de café que se bebe en el desayuno por la mañana, o aquella que acompaña su agradable conversación por la tarde, apreciaría mejor, no su precio, sino su valor.

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La semana pasada se realizó la Expo Café Perú 2018, la mayor feria a nivel nacional que reúne en un solo lugar a productores de las 16 regiones cafetaleras del país. En ella se unen esfuerzos del sector público y privado. Allí estuvieron la Junta Nacional de Café, la Cámara Peruana de Café y Cacao, Devida, Minagri, Produce, gobiernos regionales, y otras autoridades en busca de promover la industria en beneficio de los productores. Hubo exposiciones importantes, firmas de convenios relevantes, premiaciones esperadas, cine y demostraciones de art latte, preparación de coffee spirits, cocina cafetalera y métodos de extracción de café. Sin embargo creo que faltó mayor difusión, lo que hubiese permitido una mayor presencia del consumidor local, pieza importante en la creación de una cultura cafetera. Y dados los bajos precios internacionales que afronta el sector, la presencia del presidente Martín Vizcarra en la presentación del Plan Nacional del Café hubiera sido necesaria.

Hay tanto por aprender (y de hecho Norka me ha corregido algunas inexactitudes en el texto), y tanto por hacer que no hay mejor momento para empezar que ahora. Así que tú que estás leyendo esto, sal, busca la cafetería de especialidad más cercana y pídete un café. Habla con los baristas, ellos son los grandes embajadores de los agricultores, pregúntales de dónde es su café, a qué variedad pertenece, cómo lo han tostado, cómo lo han molido, cómo lo ha preparado, cómo lo puedes preparar tú en tu casa, cuál es el método más adecuado para hacerlo. Vuélvete parte de esta hermosa comunidad cafeteadora. El mundo del café es maravilloso, y quien se sumerge en él, como yo me estoy sumergiendo, difícilmente quiere salir.

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