Siete lecciones que el primer año de pandemia dejó al sector cafetero peruano

La pandemia por la COVID-19 golpeó muy duro a todo el sector cafetalero peruano en el 2020. La inmovilización social se produjo en vísperas de cosecha, por lo que fue muy difícil encontrar mano de obra para el campo. Además, buena parte de la producción se perdió, se redujeron los volúmenes de exportación, los costos de los insumos y de la actividad agrícola se incrementaron, los agricultores acumularon deudas y producir café se tornó mucho más complicado.

Si bien muchos negocios cafeteros quebraron, esta difícil situación también disparó el consumo de café en casa, lo que representa una enorme ventana de oportunidades si es que aprendemos de la experiencia vivida. Es por eso que en Cafelab buscamos a tres expertos vinculados al sector cafetero para conocer cuáles son, a su criterio, las lecciones que este primer año de pandemia nos ha dejado para el futuro.

Lección #1: Apostar por cafés de calidad

Geni Fundes, gerente general de la Central Café & Cacao, nos recuerda que la crisis viene de años anteriores y que el nuevo coronavirus la llevó al extremo. “La roya afectó muy fuerte el 70% de las plantaciones, sin embargo, el productor decidió seguir apostando por el café en el 2014 y 2015, pero cosechar café demora como tres años, y en el 2017 y 2018 vino la crisis de precios internacionales. Entonces la roya, más la crisis de precios, y la pandemia nos traen un cuadro complicado para el 2021”, sostiene.

No obstante, a pesar de los problemas, el productor sigue apostando por el café y, según Geni, todo hace prever que este año habrá una buena cosecha. Pero para ello hay que incidir en la calidad del café. “Mi conclusión es que tenemos que dejar de producir café de volumen porque en estos últimos cinco años está generando mucha pérdida a los productores. Tenemos que cambiar de enfoque, voltear la mirada y diferenciarnos como país productor de cafés de calidad. Eso viable porque el Perú es reconocido a nivel mundial como productor de café orgánico, tenemos esa ventaja, entonces hay sumar a esa fama el tema de la calidad”.

Lección #2: Buscar nuevos mercados

Nuestro país históricamente exporta café a Estados Unidos y países de Europa que anualmente han establecido un crecimiento de 1% a 2%, que al parecer está un poco estancado, y además hay mucha competencia con otros países productores como Brasil o Colombia. Pero, según Geni Fundes, hay otros países llamados emergentes como China, Corea del Sur y Japón, cuyo crecimiento de consumo está entre el 15% y el 25% anual, que están empezando a tomar café y nos ofrecen la oportunidad de vender a mejores precios.

“La propuesta sería cambiar la ruta de exportación y agregarle valor al café trabajando la calidad, porque hay mucha demanda en estos países asiáticos e incluso en Australia. Estos países no compran con referencia a la Bolsa de Nueva York que registra precios de hasta 1.3 dólares la libra, sino en referencia a la calidad. Cuando negocias con ellos te piden cafés con altos puntajes en taza y pagan precios de más de 2 dólares la libra, así el productor sí puede generar rentabilidad”, señala.

Lección #3: Fomentar el consumo interno

En la actualidad la industria peruana de cafés depende en más del 95% del mercado exterior, y aunque en pandemia el consumo interno ha subido, es decir el peruano está tomando más café en su casa, la gran pregunta es: ¿qué clase de café está tomando? Consumir café instantáneo no es la mejor opción, pero está ayudando a crear el hábito. Lo que se necesita es mejorar ese consumo para que sea de cafés de calidad. “Lo que hemos estado haciendo es exportar lo bueno y lo que queda, que no es lo mejor, tostarlo para venderlo en el Perú. Sin embargo, los otros países están trayendo cafés de más calidad, y ese es el desafío de la industria peruana”, señala Geni.

Una estrategia sería implementar algunas medidas de protección frente a la importación de café, como ya existen en otros países. “Se discute mucho sobre una barrera paraarancelaria para que tan igual como con otros países —por ejemplo, para exportar café tostado a Colombia o Costa Rica, hay un arancel que pagar— ni siquiera el café verde está libre de pagar, pero nosotros sí hemos abierto la frontera. Una barrera puede ayudar a generar un fondo para potenciar la industria peruana, pero sabemos que eso sería trabajar una ley, discutirla en el Congreso y eso tomaría más de dos años”.

En el corto plazo lo que debemos hacer es incrementar el consumo y procurar que el Estado se involucre e invierta en agresivas campañas de promoción, lo que a la larga mejoraría los ingresos para todos. “El café tostado paga IGV. Con el consumo que tenemos ahorita de 750 gramos per capita, el Estado genera más o menos de 120 millones de soles en impuestos. Si duplicamos o triplicamos el consumo dentro del Perú, ganaríamos todos, productor, tostador, la cafetería y el Estado, porque mientras más café se venda, más impuestos recaudas”.

Lección #4: Creer en el consumidor local

Las restricciones por la pandemia, especialmente en los primeros meses de esta crisis sanitaria, generó que los compradores internacionales de café de especialidad del Perú también tuvieran sus tiendas y cafeterías cerradas, lo cual hizo que no agotaran todo su café en stock hasta ese momento. Esto, por supuesto, redujo los pedidos o los retrasó. Frente a ello, el mercado interno respondió de manera positiva.

Según Edith Meza, de Finca Tasta, sus ventas de cafés de especialidad en el país se triplicaron en comparación al año anterior a la pandemia. Esto hizo que, en el caso de Tasta, apostaran por mejorar su página para que el usuario tenga una mejor experiencia en la compra online y optaran porque una empresa se hiciera cargo del delivery en Lima frente a la demanda. “Estamos muy agradecidos con el consumidor local porque nos permitió tener flujo de caja y poder asegurar los pagos de nuestro equipo”, señala.

Este incremento en el consumo interno, le hace creer a Edith que sí hay demanda por los cafés de especialidad y que para hacerlo sostenible debe ir de la mano con campañas gubernamentales que realicen un trabajo de sensibilización de largo aliento para impulsar el consumo interno como en su momento se hizo en Colombia y Brasil.

Lección #5: Adaptarse y actuar rápido

Cuando se inició la cuarentena en el Perú, Finca Tasta, como la mayoría de productores, se preparaba para entrar en cosecha, pero ante las restricciones de transporte y movilidad de personal tuvo que adaptarse rápidamente. Tomaron la decisión de centrarse en cafés lavados debido a que es un proceso menos complejo de todos los que realizan. Hablaron con sus clientes y adaptaron su logística para el procesamiento de sus cafés.

Frente a crisis sanitarias y emergencias climáticas futuras, la lección aprendida es que hay que adaptarse rápidamente para no perder café y sobre todo asegurar la salud del equipo, refiere Edith. Esto, por supuesto, es posible si va de la mano con compradores que apoyan a los productores para reducir al mínimo los efectos socioeconómicos negativos de situaciones extremas y con contratos a largo plazo. Este 2021, ya con la lección de la adaptación, Tasta volverá a realizar sus procesos exclusivos, que tanta fama le ha dado fuera y dentro del país.

Lección #6: Innovar en la experiencia del consumo

Frente a las cuarentenas, las cafeterías y marcas de café se volcaron al delivery para atender la demanda. Usaron sus redes sociales para dar a conocer su oferta disponible a sus seguidores, pero MamaQuilla también vio en estos canales de comunicación la posibilidad de ayudar a sus clientes a mejorar su consumo en casa.

Según Gracia Briceño, tostadora, catadora de cafés especiales y fundadora de esta cafetería, si bien la pandemia supuso un aumento en la venta de cafés, la tarea no concluye con la transacción, sino que debe prolongarse la experiencia de consumo, con consejos sobre cómo preparar el café en casa de la mejor manera. De este modo, el consumidor no solo identifica los perfiles de cafés que le gusta, sino que sabe cómo sacar lo mejor de ellos y hacerlo de la mejor manera.

Tengamos en cuenta que muchos consumidores se aseguraban su provisión de café diaria en las cafeterías, pero con las cuarentenas y restricciones se vieron en la necesidad de hacer café ellos mismos, lo que, sin la mínima asesoría, puede ser una experiencia frustrante.

En el caso de MamaQuilla, el team de esta cafetería se enfocó en realizar transmisiones en vivo sobre cómo hacer café en diversos métodos, uso del café en la coctelería, de qué trata el café de especialidad y todo lo que implica producir el café que bebemos. Con estos avances, ahora realizarán sesiones de cata participativas vía Zoom con la idea de seguir mejorar el consumo de café. También, refiere Gracia, es una forma de fidelizar consumidores frente a nuevas cuarentenas o ante la decisión de quienes prefieren no consumir en salón en este contexto.   

Lección #7: Difundir cultura cafetera

Hacer que más peruanos consuman más café peruano es un trabajo que no solo implica a los productores, tostadores, comercializadores y baristas. Todos los que amamos el café debemos involucrarnos en la difusión de la cultura cafetera y para ello debemos conocer nuestro café. Saber de qué regiones proviene, qué variedades producimos, qué procesos se emplean, qué problemas se enfrentan en el campo.

Valorar el trabajo de las familias agricultoras y el enorme esfuerzo que hacen por sacar su café adelante y hablar con nuestros familiares y amigos de la importancia de consumir más café peruano. Conocer las historias de vida de los productores nos hará mirar más allá de la clásica relación calidad-precio con la que normalmente hacemos nuestras compras. Quizás un café puede no ser tan bueno en cuanto a calidad en comparación con otro, o quizás no es tan barato como lo pueden ser los cafés comerciales que se encuentran en cualquier supermercado, pero lo que está detrás de ese café tiene más valor y vale la pena apoyar su trabajo para que cada vez sea mejor.

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